martes, 20 de octubre de 2009

Que nadie calle tu verdad.

Como cuando eras pequeña, no te das cuenta de que tienes una herida hasta que la ves con tus propios ojos. Te caíste y te levantaste creyéndote inmortal, invulnerable, y de pronto alguien te grita: "¡eh! ¡te sangra la rodilla!" Y te das cuenta de que a ti también te pueden dañar, como ser de carne y hueso que eres.

Pero en el fondo te complace darte cuenta de la herida, porque eres capaz de reaccionar para curarla antes de que la sangre corra por tu piel y tu ropa, manchando todo de rojo carmín. Incluso te sientes orgullosa, días más tarde, de la cicatriz que queda en tu piel, tu propia "herida de guerra", porque te demuestra que saliste victoriosa de esa caída.

Me caeré muchas veces, me empujarán el doble, pero siempre, SIEMPRE, me levantaré.


Felicidades, Jesús, por tu 25 cumpleaños. De tu hermana pequeña. =)

5 comentarios:

krys dijo...

Las cicatrices siempre estarán ahí, para recordarnos que un día nos levantamos, y otro y otro, y que tenemos que seguir haciéndolo cada vez que descubramos nuestras heridas, a tiempo.
Se te echa de menos por aquí ;)
Muaks!

Hollie A. Deschanel dijo...

Y que nadie diga lo contrario :) Siempre hay que levantarse y aprender de las heridas de guerra.

Muaks!

Jorge dijo...

Eso es cierto y tienes toda la razón. La vida es una carrera de obstaculos que a veces eres capaz de pasar y otras veces, te caes, pero lo más importante es conseguir levantarte siempre y continuar corriendo :)

Que tal todo? Hacía mucho que no pasaba por aquí. Espero que todo bien ;)

MR dijo...

hola! hace mucho no comentaba por acá, pero me atrapaste con esto, las heridas,como duelen cuando las sentimos y creo q duelen el doble cuando las omitimos, y las cicatrices, como quedan recuerdos tercos que no piden permiso para habitarnos.
Pero siempre como marcas de guerra, que nos hacen levantarnos!
besos desde Panamá

Siiketa dijo...

Las cicatrices nunca desaparecenn...
Te sigo ;)

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