sábado, 22 de marzo de 2008

Confusión.

Llueve.

Los días de lluvia me parecen raros. Quizá porque le tengo demasiado cariño al sol.

No es que me deprima el cielo nublado (como le pasa a mucha gente) pero... echo de menos la luz de los días radiantes; indirectamente me suscitan optimismo.


O tal vez justamente hoy me parezca extraño el día. Entre unas circunstancias y otras, noto como si viviese en una montaña rusa continua, con más caídas que ascensos, carente de un deseado equilibrio.

Continuando con metáforas, digamos que todavía no he hallado la paz interior. En mi cabecita batallan a diario pensamientos opuestos, decisiones que merecen ser tomadas, palabras que nunca sé cómo recitar.

Se avecinan cambios, y no precisamente pequeños. La indiferencia y el valor van a adquirir un papel crucial en esta representación, y los personajes van a pasar al segundo acto, algo más conflictivo de lo que ha sido el primero.

lunes, 17 de marzo de 2008

Me crucé en tu camino

Esta tarde pasé por delante de tu puerta. No llamé; ni siquiera alcé los ojos a tu ventana por si estaba abierta. Simplemente seguí caminando, alejándome poco a poco de tu casa. ¿Por qué lo hice? Para sentirme más cerca de ti. Parece absurdo; tal vez lo sea. Pero necesitaba saber que me aproximaba a ti, aunque no lo supieras, aunque tú siguieras con tu vida sin que por tu cabeza pasara ni de casualidad el hecho de que yo estuviera andando justo en ese momento por debajo. Sí, y además pelándome de frío, sola, odiándome por perder tantos días preocupándome por alguien que nunca dará un duro por mí.
Al final, me acaba dando todo igual. Porque al día siguiente nos cruzamos, me sonríes y el negro se convierte en gris.

jueves, 6 de marzo de 2008

Algo sobre el amor...

Es algo bastante extraño, muy difícil de explicar. El sentimiento más abstracto de los que hay, me aventuraría a decir. Si nunca te ha llegado, no sabrías cómo definirlo; pero cuando te inunda, es más desconcertante aún.
No sé... simplemente estás a gusto, tan pronto te aflora una sonrisa cuando recuerdas su rostro, como dejas caer una lágrima porque sabes que no está a tu alcance. Una mirada, un abrazo, tocar su mano... Es un cúmulo de sensaciones indescriptibles.

Te despides y estás deseando ver de nuevo a esa persona. Recuerdas lo que habéis hablado, todos los momentos que habéis pasado con todo tipo de detalles. No dejas nada perdido en la memoria. Si fuera por ti, estarías las 24 horas del día a su lado.

Sabes que darías lo que fuera por hacerl@ feliz, y cuando digo "lo que fuera", me refiero a cualquier cosa. No te importa el dinero, el esfuerzo, la voluntad que requiera. Porque lo harás solamente por robarle una sonrisa, un instante de felicidad que probablemente comparta contigo.

Tomas alguna prenda de vestir y aún guarda su olor... en verdad, todo te recuerda a ese ángel. Porque para ti no hay persona más guapa, generosa, honrada, honesta, sincera... y por eso te permites compararle/la con un ángel. Crees que no exageras. Escuchas una canción y le/la evocas en tu imaginación. Sonríes para tus adentros y comienzas a tararear la melodía.
Te encanta que se quede dormido/a sobre tu hombro o sobre tus piernas. Miras ensimismad@ la inocencia de su rostro y aprovechas para acariciar la suavidad de su pelo. Permaneces vigilando la tranquilidad de su sueño hasta que despierta.

Cada vez que oyes a alguien pronunciar su nombre te adentras en la conversación. No puedes evitar sentir un escalofrío por tu espalda si te llama. A veces incluso te sientes estúpid@ cuando hablas con él/ella. Digas lo que digas, nunca vas a demostrarle todo el amor que guardas dentro. Sí, supongo que a todo esto, desde mi punto de vista, podría llamarle amor.

Tal vez me equivoque. O no. No lo sé.

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