lunes, 26 de noviembre de 2007

Abre la ventana...


Me encanta asomarme por la ventana de mi habitación. No es que haya unas vistas impresionantes (abajo mi patio y por arriba tejados de casas, la torre de la iglesia y el cielo) pero me relaja, me ayuda a evadirme un poco del mundo.
Cada momento del día tiene su magia. Por la mañana saludas el inicio del día. Por la tarde puedes ver un bonito cielo azul despejado o un lienzo teñido de manchas grisáceas si es tiempo de lluvia. Por la noche es precioso observar la luna llena (cuando hay) iluminando las tejas de las casas y una pequeña porción añil.
Del mismo modo, la sensación es distinta si es invierno que si es verano. A mí personalmente me gusta más asomarme en invierno por las tardes, notando el calor del radiador en las piernas y un viento fresco en la mitad superior del cuerpo.

Y ahí me quedo, viendo pasar las nubes, la forma que adoptan, cómo el día oscurece de forma creciente... ¿No se parece esto en algo a la vida? Permanecemos impasibles observando los cambios que acontecen a nuestro alrededor, cómo la gente "cambia de forma", se marcha, el modo en que a veces la vida nos da golpes duros y fríos o más bien cálidos y alegres... y nosotros seguimos ahí, pendientes de cada detalle, quietos... claro que puedes elegir permanecer detrás del cristal, evitando los peligros de fuera, o con medio cuerpo fuera, haciendo frente a todo lo que nos venga.

Yo prefiero lo segundo. Y me parece que es una opción adecuada.

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