
Me encanta asomarme por la ventana de mi habitación. No es que haya unas vistas impresionantes (abajo mi patio y por arriba tejados de casas, la torre de la iglesia y el cielo) pero me relaja, me ayuda a evadirme un poco del mundo.
Cada momento del día tiene su magia. Por la mañana saludas el inicio del día. Por la tarde puedes ver un bonito cielo azul despejado o un lienzo teñido de manchas grisáceas si es tiempo de lluvia. Por la noche es precioso observar la luna llena (cuando hay) iluminando las tejas de las casas y una pequeña porción añil.
Del mismo modo, la sensación es distinta si es invierno que si es verano. A mí personalmente me gusta más asomarme en invierno por las tardes, notando el calor del radiador en las piernas y un viento fresco en la mitad superior del cuerpo.
Y ahí me quedo, viendo pasar las nubes, la forma que adoptan, cómo el día oscurece de forma creciente... ¿No se parece esto en algo a la vida? Permanecemos impasibles observando los cambios que acontecen a nuestro alrededor, cómo la gente "cambia de forma", se marcha, el modo en que a veces la vida nos da golpes duros y fríos o más bien cálidos y alegres... y nosotros seguimos ahí, pendientes de cada detalle, quietos... claro que puedes elegir permanecer detrás del cristal, evitando los peligros de fuera, o con medio cuerpo fuera, haciendo frente a todo lo que nos venga.
Yo prefiero lo segundo. Y me parece que es una opción adecuada.
Cada momento del día tiene su magia. Por la mañana saludas el inicio del día. Por la tarde puedes ver un bonito cielo azul despejado o un lienzo teñido de manchas grisáceas si es tiempo de lluvia. Por la noche es precioso observar la luna llena (cuando hay) iluminando las tejas de las casas y una pequeña porción añil.
Del mismo modo, la sensación es distinta si es invierno que si es verano. A mí personalmente me gusta más asomarme en invierno por las tardes, notando el calor del radiador en las piernas y un viento fresco en la mitad superior del cuerpo.
Y ahí me quedo, viendo pasar las nubes, la forma que adoptan, cómo el día oscurece de forma creciente... ¿No se parece esto en algo a la vida? Permanecemos impasibles observando los cambios que acontecen a nuestro alrededor, cómo la gente "cambia de forma", se marcha, el modo en que a veces la vida nos da golpes duros y fríos o más bien cálidos y alegres... y nosotros seguimos ahí, pendientes de cada detalle, quietos... claro que puedes elegir permanecer detrás del cristal, evitando los peligros de fuera, o con medio cuerpo fuera, haciendo frente a todo lo que nos venga.
Yo prefiero lo segundo. Y me parece que es una opción adecuada.