domingo, 28 de octubre de 2007

Sin fe...

¿Cómo pretendéis que sonría si por dentro estoy llorando lágrimas amargas? No puedo ofreceros un semblante que contradiga lo que vive mi corazón. No, se me da muy mal disimular las emociones y a duras penas lo consigo ahora. No intentéis animarme; será en vano.
Cuando alguien tiene una herida es difícil que otros la cierren. Tiene que ser el propio cuerpo el que sane esa herida, el que haga cicatrizarla con unas buenas dosis de autocompasión.
No pretendo dar pena, ni quiero que me "ofrezcáis" unas palmaditas en el hombro. Solo quiero que desistáis en el intento de cambiarme. Si no puedo ser feliz ahora, nadie va a conseguir modificar mi estado. Miento: sólo una persona podría, pero es imposible que se dé cuenta.
Es cierto que hay que aprovechar cada día al máximo (yo soy la primera que grita a voces el carpe diem) estar alegre y llevar dibujada en el rostro la mayor de las sonrisas. Pero repito, si el corazón está hecho pedazos, es complicada la tarea de repararlo.
El tiempo lo arregla todo... ¿pero cuánto más he de esperar para olvidarme de todo esto, para "cambiar el chip"? Llevo ya demasiado y no he conseguido avanzar ni un paso. No veo un maldito rayo de luz en este túnel...
¿Es que no hay salida?

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martes, 9 de octubre de 2007

Dos palabras me acompañan en estos momentos en mi vida: impotencia y resignación. Se repiten cíclicamente haciendo que cada día me coma más la cabeza pensando en qué hacer.
Impotencia por saber que no puedo conseguir lo que me he propuesto, lo que quiero.
Resignación por tener que aceptar el fracaso. A raíz de eso me siento impotente, después me resigno, y así sucesivamente, cada día a cada hora.

Recuerdo que hace mucho tiempo buscaba la panacea de la felicidad en cosas materiales, y aunque suene patético, conseguía estar alegre con mediocridades, simples tonterías que el mundo te regala a través del dinero (por poner un ejemplo). Pero poco a poco abrí (o cerré, todavía no lo tengo muy claro) los ojos a un nuevo mundo, más profundo, más íntimo, más elaborado, en el que creía que me liberaría de todos esos bajos "placeres" para alcanzar la verdadera felicidad. Creo que me equivoqué, o al menos aún no he hallado una razón que me convenza para quedarme en este "submundo". Es más fácil vivir en la ignorancia, más cómodo, que otorga una "felicidad sintética" que darte cuenta de la realidad, intentar combatirla para sentirte orgulloso de tus logros, enfrentarte a lo malo, caerte a veces pero levantarte aunque sea sólo por ganar algo de dignidad. Me metí en lo difícil y he salido de barro hasta las rodillas. Ahora me arrepiento. Y no sé qué hacer. Siempre he amado los riesgos, lo complicado, lo aparentemente absurdo. Y ahora que es mi oportunidad, se me pasa tantas veces por la cabeza tirar la toalla... No me reconozco.

Solo puedo pensar, pensar, pensar, pensar...

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