martes, 22 de mayo de 2007

Cuestión de cofres...


El amor es como un cofre. Pero no un cofre corriente… está enterrado en el fondo del mar, a miles de metros de la superficie. Todos estamos en una barquita flotando sobre el mar, buscando la ubicación de nuestro cofre personal. Cuesta encontrarlo, pero cuando creemos hallarlo, nos llenamos de alegría e intentamos conseguirlo. Al principio nos sentimos un poco impotentes, porque carecemos de medios para llegar a él. Pero poco a poco conseguimos hacernos con algunas botellas de oxígeno, un traje especial, y sobre todo una enorme dosis de coraje. Nos sumergimos en las frías aguas. Pero… aparecen nuevos obstáculos. Tiburones, barracudas, anguilas eléctricas, redes, el oxígeno que se nos va acabando, la falta de luz conforme te adentras en las profundidades… Muchos se sienten frustrados, abandonan la búsqueda y regresan a su barca. Los hay quienes arriesgan todo y van hasta el fondo. Ellos son los que al fin encuentran su deseado tesoro. Una vez allí, no cuesta tanto llevarlo de nuevo a la superficie, pues el orgullo y la felicidad de haberlo hallado es suficiente para renovar sus fuerzas. Estos serán felices con su premio. No lo abandonarán fácilmente, o simplemente, no lo abandonarán nunca.

Existe también otro caso. El de aquellos que encontraron el mapa de una playa con una X marcada en la arena. Parece más fácil de conseguir que el cofre del mar… Así que con una sencilla pala se dirigen a la zona marcada y cavan. Su sorpresa es que el tesoro está poco escondido, cómodo de hallar. Lo abren y creen ser felices con lo que tienen… pero no es así. Ese es un falso amor, el que durará poco, porque no ha sido fruto de una ardua búsqueda, de esfuerzos personales. Los que lo encuentren se sentirán defraudados tarde o temprano… pero su vagueza les impedirá salir en su bote a buscar el verdadero amor. Se conformarán con quedarse en tierra e ir excavando por todas las X que encuentren.

Y tú… ¿estás buscando el tuyo? ¿A por cuál de los dos vas?

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